Aragón recorta agua al proyecto de la Llitera Alta por lo que llueve
Reduce un 27% los 6.000 m3 por hectárea pactados hace 33 años tras restar superficie

La Llitera Alta se sitúa en una cota superior al Aragón y Catalunya.
El Gobierno de Aragón ha recortado un 27% la dotación del Canal de la Llitera Alta por lo que llueve en la zona, que en realidad es una de las áreas de secano cuya demografía ha sufrido con mayor intensidad las consecuencias del declive de ese formato agrícola.
“El territorio afectado por el proyecto está ubicado (...) por encima de la cota del Canal de Aragón y Catalunya, lo que ha supuesto históricamente una desigualdad socioeconómica entre las tierras en secano y las de regadío, que ha tenido como consecuencia la despoblación de la zona”, reseña, no obstante, la resolución que recoge el recorte.
El Canal de la Llitera Alta, cuyo primer estudio de viabilidad data de 1985, recibió su primer espaldarazo potente en febrero de 1992, cuando el Pacto de Pinyana le asignó una superficie de 8.000 hectáreas y una dotación de 48 hm3 anuales que situaba su dotación en 6.000 m3/ha al año.
Sin embargo, tanto la superficie como la dotación han ido menguando. La primera se ha visto reducida en más de un tercio, ya que el proyecto quedó dividido en la práctica en dos zonas, una central-occidental de 3.560 ha y otra de 1.584 que acaba de recibir, tres años después que la primera, el visto bueno del Inaga (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental). Entre las dos suman 5.144 ha, un 64,3% de las 8.000 contempladas en 1992 y menos de un 40 de las 13.493 de 1985.
La reciente declaración de impacto de la segunda incluye una sorpresa: “Las necesidades de riego se establecen en 6.029 m³/ha, que se reducen a 3.522 m³/ha considerado la precipitación efectiva”, señala la resolución, que plantea el paradójico escenario de recortar las previsiones de riego de un secano expectante por lo que llueve en su superficie.
Así, añade, “la dotación por hidrante se establece en 4.402 m³/ha”, mientras que “el caudal punta, con la eficiencia de riego prevista para el mes de julio, se prevé en 0,78 l/s/ha”.
No es esa la única sorpresa que incluye la declaración de impacto, que reduce bastante las posibilidades de efectuar concentraciones parcelarias o de habilitar parcelas de tamaño amplio.
“La puesta en regadío pretendida no debe significar el cambio de uso de recintos forestales vinculados a la adecuación de las parcelas al nuevo sistema de explotación, ni la incorporación de áreas de vegetación natural a las superficies de regadío”, señala el documento, que añade que “la modificación o eliminación de vegetación natural (...) deberá limitarse a los tramos de la red de riego, u otras infraestructuras proyectadas por zonas forestales”.
Así, añade, “se deberán mantener preferentemente los linderos actuales y, si esto no fuera posible, se deberá mantener la superficie actual de los mismos en otras áreas de las parcelas, intentando facilitar su función como corredores ecológicos”.