Compartiendo el arte de la cerámica
La ceramista Júlia Sangés abrió L’Obrador hace 10 años, un espacio donde enseña este oficio. Para celebrarlo, ayer inauguró una exposición en la Biblioteca con obras de sus alumnas

L’Obrador de Júlia Sangés se encuentra en la calle Fluvià, en pleno centro histórico de Guissona. - C.MARSIÑACH
Hace diez años Júlia Sangés decidió abrir L’Obrador, un taller de cerámica en pleno centro histórico de Guissona que también funciona como tienda. “Siempre me ha gustado todo lo artístico, de pequeña me encerraba en casa para dibujar y hacía cosas manuales y creativas”, explica. Su idilio con la cerámica empezó en 2006, cuando participó en algunos talleres en el centro cívico de su barrio en Barcelona. Decidió estudiar un grado superior en L’Escola de Disseny i Art La Llotja y “me enganchó, ya no podía dejar de hacer cerámica”, asegura. Desde entonces ha continuado formándose.
Tenía claro que no quería vivir en Barcelona y volvió a Guissona, su localidad natal. Primero montó un taller en la habitación de su casa, hacía actividades extraescolares de cerámica, participaba en ferias y lo combinaba con trabajos esporádicos. En 2011 abrió una pequeña tienda llamada Arterra con otra ceramista de la comarca, Irene Verdés, con el objetivo de que la gente pudiera conocer su trabajo y comprar sus piezas. “Al principio tenía la idea de hacer los objetos que se vendían más o pensaba en qué podría gustar a la gente o lo que se llevaba”, explica Júlia. Con el tiempo se dio cuenta de que estaba equivocada: “Te salen piezas forzadas, no eres tú”. Poco a poco fue encontrando su estilo. “Habrá gente que le guste, existe y ya llegará”, recuerda.
En 2015 abrió L’Obrador en la calle Fluvià. Este espacio más grande le permitió poder realizar los talleres y dedicarse exclusivamente a la cerámica.
“Por suerte, me gusta enseñar (...) he vuelto a aprender desde cero”, afirma. Ahora tiene una veintena de alumnos en sus clases regulares que ofrece de enero a junio y también organiza vermuts cerámicos para grupos que quieran hacer una cata del imenso mundo de le cerámica y talleres puntuales para niños. El resto del año lo dedica a formarse y a sus dos otros proyectos que comparte con Inga Freitas: LabCeramica, una línea de cerámica mediterránia y muy vermutera, y FemFoc, un proyecto de cocidas experimentales con leña haciendo una veritable performance artística.
Sus talleres han ayudado a que la gente entienda que la cerámica es un oficio que requiere paciencia y perseverancia y “no siempre se le da el valor que merece”. Expone que vender cerámica no és fácil, “es artesania y tiene un precio (...) aquí no tenemos la conciencia ni la educación que hay en otros países como Francia donde la gente compra y regala cerámica”.
Por lo general, las piezas que elabora Júlia son de cerámica utilitaria pero lo que más le gusta es experimentar con otras piezas que le permiten jugar con el barro, siempre acompañada de buena música. Su tienda no abre todos los días, pero sus productos se pueden adquirir en la tienda online.
Para celebrar estos diez años de trayectoria, ayer inauguró la exposición La ceràmica es vida en la biblioteca de Guissona, con obras de sus alumnas de L’Obrador inspiradas en el mundo vegetal. Se trata de un ámbito lleno de vida, como el barro que se transforma con la cocción y “nos enseña a perseverar, a tener paciencia, a confiar y adaptarnos cuando algo no sale como esperábamos”, concluyó.