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Christina Rosenvinge: “Muchas veces me he encontrado con que el público ve más allá que la industria”

Rosenvinge ha evolucionado desde el éxito comercial hasta convertirse en una de las artistas más respetadas de la escena indie

Christina Rosenvinge: “Muchas veces me he encontrado con que el público ve más allá que la industria” - FOTOS: PABLO ZAMORA

Christina Rosenvinge: “Muchas veces me he encontrado con que el público ve más allá que la industria” - FOTOS: PABLO ZAMORA

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Christina Rosenvinge (Madrid, 1964) se inició en la música al principio de los 80, todavía adolescente, con el grupo Ella y Los Neumáticos. Después, formó parte de Magia Blanca. El éxito masivo le llegó enseguida a bordo del dúo Álex y Christina, y con el primer proyecto completamente propio, Christina y Los Subterráneos, que la situó cómodamente en el negocio musical. Desde finales de los 90 y hasta la actualidad, ha desarrollado su carrera artística con destacable genio y casi sin concesiones. Musa indiscutible del indie nacional, su trayectoria viene marcada por unos cuantos trabajos discográficos tan personales como atemporales.

¿Qué queda de la niña que debutó con Ella y Los Neumáticos, maduró con Magia Blanca y triunfó con Álex y Christina?

Bien, de la época de Los Neumáticos queda todo. Realmente, el impacto y la intensidad emocional y vital que supusieron entrar en una banda con dieciséis años y me pusieron a tocar todos los fines de semana fueron enormes. Nos presentamos al primer Concurso de Rock Villa de Madrid, delante de miles de espectadores... Fíjate si aquello tuvo impacto en mi vida que decidí optar por la música, cuando en realidad mis planes eran dedicarme más a la danza, que era lo que yo estaba estudiando entonces. Digamos que el rock se cruzó en mi camino y me desvió, pero para bien...

¿Por cierto, por qué no fue Christina y Álex? ¿Quizás aquello de “las damas primero”, empezaba a sonar ya entonces un poco machista?

No lo sé por qué no fue... Bien, sí que sé por qué no fue Christina y Álex. Mi nombre, al empezar por consonante, se pronuncia y suena peor. En cambio, Álex y Christina, por la vocal acentuada al principio, suena más fluido. Pero es verdad que normalmente en las parejas, si te fijas, siempre cuando se las nombra, se suele poner al hombre primero y a la mujer después, aunque en nuestro caso fue una cosa que escogimos entre nosotros, porque simplemente sonaba mucho mejor.

En los dos álbumes del dúo, ya aparecía como coautora de todas las canciones. ¿Eran como Lennon & McCartney que firmaban todo juntos, pero cada uno componía sus propios temas?

Efectivamente. Éramos autores de todos los temas y, normalmente, nos repartíamos las funciones. Álex hacía más la parte de acuerdos y yo, más bien, proponía melodías y hacía letras, pero siempre trabajábamos juntos. Recuerdo una canción que yo llegué con la melodía hecha y él buscó los acuerdos. Otras veces, él tenía una idea con acuerdos, entonces yo me ponía a canturrear encima. Les letras, en cambio, las ponía yo casi siempre, aunque después él aportaba el voto. Pero sí, realmente componíamos mano a mano y fue una relación muy fructífera.

Da la impresión, al menos desde fuera, que a pesar del éxito conseguido Usted no tardó en darse cuenta del bueno y malo que esconde el negocio de la música para una mujer...

Sí, efectivamente. Ser mujer comporta algunas dificultades añadidas además de las que tiene cualquier persona que se quiera dedicar a la música. De todas estas dificultades, yo diría que el mayor es, precisamente, el escepticismo general a que te tienes que enfrentar a la hora de convertirte en autora y responsable máxima de tus proyectos. Hay que demostrar, siempre, enorme determinación a tu alrededor para marcar el camino que quieres seguir. Por eso, el primero que tienes que hacer es convertirte en jefe de tu proyecto y escoger bien a las personas con quienes trabajar. Hay, además, una segunda parte que todavía es más difícil, porque en el local de ensayo las cosas se demuestran haciéndolas y es muy inmediato. Nadie te cuestiona cuando estás inventando sobre la marcha... Pero después, cuando plasmas tu trabajo en un disco, cuesta que la gente se mire los créditos y se crea realmente que tú lo has compuesto y que todo lo que se siente es un concepto tuyo. Yo te diría que tardé unos cuantos años en alcanzar el grado de credibilidad y de respeto que cualquier artista masculino ya tiene de salida. Pero eso es muy común, no es una cosa que me haya pasado sólo a mí, sino que es muy habitual, y más si es una mujer que tiene una imagen potente.

Varios discos, éxito, dinero (supongo...) y, incluso, un festival del OTI, con vuestra presencia escénica demasiado “moderna”, quizás, para un acontecimiento que había empezado a envejecer mal. ¿Cómo recordáis la experiencia?

Del festival no guardo muy buen recuerdo. Si te digo la verdad, desde el principio yo no quise ir. No fue idea mía, ni tampoco me pareció buena decisión que se la comprometieran en mi nombre, sin consultarme. Realmente, me lo plantearon como una cosa cerrada. Recuerdo que todo me pareció mucho... no sé como decirlo... muy anticuado y con planteamientos estructurales vetustos. En fin, una experiencia, en conjunto, que tenía poco o nada que ver con lo que yo esperaba encontrar dentro de la música.

¿Fue a partir de aquel momento cuando decidió que haría las cosas a su manera o que no las haría? Vaya, todo –si me lo permite– un poco punk... ¿No?

Pues sí. Quizás me di cuenta de que yo no estaba hecha para el mainstream, que no entendía ni su lenguaje ni sus códigos. Tampoco daba aquello que querían. Era, digamos, poco dócil o poco colaboradora en el sentido de pensar, sobre todo, en la salida comercial de la música. Bien, yo creía y sigo creyendo que la música es, sobre todo, una forma de arte muy potente y muy respetable y que tienes que ser no sólo bueno sino absolutamente genuino. No puedes estar todo el día pensando en aquello que vende más... Simplemente, tienes que hacer la mejor música posible dentro de tus posibilidades, aunque eso choque muchas veces con el planteamiento y los objetivos de la industria. Lo que es bueno, lo que es malo... aquello que vende más, aquello que vende menos... Pienso que la industria se confunde y piensa, demasiado a menudo, quizás, que el público es más conservador de lo que lo es en realidad. Eso es una cosa que me he encontrado muchas veces a lo largo de mi carrera, que el público ve más allá que la industria, que es mucho, muy corta de miras.

Aunque nacida en Madrid, ¿cree que su ascendencia noreuropea, de padres daneses, debe haber dejado un cierto poso en su persona, habiendo recibido en casa una educación y costumbres un poco diferentes de los de aquí?

Sobre el hecho de ser danesa, sí que supongo que ha marcado en gran parte lo que soy, porque vivía dentro de una cultura a casa y de otra a fuera, con más libertad de la que solían tener, por ejemplo, a mis amigas. De pasar tantas horas metida en un local de ensayo a acudir también a lugares como ciertos clubs nocturnos que de conocerlos habrían asustado a mis padres. Sin duda, mis padres estaban acostumbrados a dar bastante libertad y, al ser la más pequeña de mis hermanas, la aproveché muy bien.

Su trayectoria es modélica por su aparente independencia, una versatilidad estilística digna de mención y mayúsculo buen gusto. ¿Me lo comparte todo, una parte?

Muchas gracias por las cosas bonitas que dices sobre mi trayectoria. Al respecto, creo que todo mi camino ha sido diferente y demuestra que los clichés y los prejuicios se pueden romper. Yo he hecho varias cosas que se supone que suelen salir mal: cambiar de idioma; volver a cambiar de idioma; moverte de continente; ir del mainstream al indie y a la inversa, y así varias veces; pasar de década, cambiar de estilo y al final hacerte con un público que no pertenece a una única generación, sino que está muy repartido. Todo eso lo considero un éxito. Creo que, realmente, la mayoría de la gente que hace música, aunque salga adscrito a una generación, a un movimiento o a una estética, si realmente le gusta lo que hace y lo hace bien, indaga y experimenta, puede trascender y convertirse en una figura que está fuera de las modas, de las décadas o los momentos. Eso es lo que llaman convertirse en un clásico.

Usted, entonces, ya estaba fundando a una familia... Pareja, hijos, nuevas obligaciones y dependencias. ¿Lo conjugó todo bien con su actividad musical? ¿Alguna renuncia?

Eso es una cosa que se consigue con perseverancia, resistiendo también en los momentos más oscuros y más difíciles, pero finalmente tiene su recompensa. La música no es la mejor profesión para formar a una familia porque los músicos viajamos muchísimo. He tenido dos hijos en cinco años de diferencia. También coincidió, en realidad parece una cosa planificada, pero salió casualmente así, con la época más experimental durante la cual hice los discos en inglés y pude dedicarme a hacer la música también más intimista y arriesgada. Fue para mí un poco como una fase de estudios y bien, coincidió con esta época en que me marché a vivir en Nueva York. Me pude permitir eso. Aunque tenía un estilo de vida muy extraño, que consistía en ir por la mañana en el parque y después por la noche a los clubs del downtown a tocar, pero siempre tuve mi hijo muy cerca durante aquella temporada, que dio lugar, como te digo, a una etapa, sobre todo, de estudio e indagación. Y, después, cuando tuve mi segundo hijo, al cabo de poco tiempo me separé. Entonces, con el tema de la custodia en parte compartida, se dio la situación para poder viajar mucho más. Pero te diría que, en general, la maternidad y la música son difíciles de compaginar y, por descontado, ha supuesto una ralentización de muchos años de mi carrera. Fueron fácilmente diez o doce años. He podido viajar mucho menos de lo que quería, teniendo que renunciar a muchas cosas, aunque más tarde, sin embargo, pude recuperar todo eso. Y lo que es bueno, porque también hay un lado bueno, es que después cuando vuelves a la carretera al cien por cien, cuando muchos músicos ya están agotados y se sienten como que ya lo han dado todo, una madre reciente sale como un tigre que se libera de su jaula, o sea, con todo el entusiasmo y la fuerza intactos. No te has desgastado y lo coges todo otra vez con una ilusión enorme.

La obra a su nombre, después de Christina y Los Subterráneos, abarca once álbumes, desde Cerrado (1997) hasta este sorprendente y bello Los Versos Sáficos (2023), incluidos tres discos concretados durante los años “americanos” y otro compartido con Nacho Vegas. Háznos un breve resumen de hechos y éxitos en este tiempo transcurrido.

Bien, en realidad, mi carrera en solitario empieza en Christina y Los Subterráneos. En aquella época yo pensaba que tenía que tener una estructura de lado, más o menos fija, porque acababa teniendo una relación muy especial con los músicos con quienes trabajaba. Después me di cuenta de que, sin renunciar del todo a esta idea, no tenía tanto  sentido mantener un nombre de lado por  los cambios continuos de personal que observamos y por tratarse de una música tan personal, tan mía. Así, decidí prescindir del nombre de Los Subterráneos y empecé a firmar los discos con mi nombre y apellido. De hecho, eso ya había empezado con Que me parta un rayo, que puede ser considerado, plenamente, como un disco en solitario.

¿Vital y artísticamente, qué supuso esta estancia en los Estados Unidos de varios años? Allí trabajó, entre otros, con gente como Lee Ranaldo o Steve Shelley de los Sonic Youth, que le aportaron ideas y sonoridades nuevas y bastante diferentes a las suyas hasta aquel momento...

La época que estuve en los Estados Unidos, como comentaba antes, fue sobre todo para adquirir un compromiso mayor todavía de lo que tenía con la música y también para indagar en mi propia identidad y atreverme a probar los límites. En muchas de las canciones que hice juego con el tema de la fragilidad,  que me interesa mucho, contra la idea del volumen y la potencia, que es una cosa que gusta mucho en España. Disfruto indagando como y cuánto puedes minimizar una canción y la potencia, curiosamente, que adquiere tanto la música como la voz cuando reduces la expresión y se queda en concordancia con melodía y letra. Hay alguna cosa muy y muy potente en el hecho de que una persona murmure o hable bajito, y en aquella época yo estaba indagando en eso. También en una forma de escritura diferente a la de escribir en inglés. Lo recuerdo como una etapa maravillosa también porque estaba rodeada no sólo de Lee Ranaldo y Steve Shelley y toda la gente de Sonic Youth, sino también de más músicos del entorno que formaban parte de mi banda. Todos, gente muy talentosa de la cual aprendí muchísimo en un ambiente de trabajo muy creativo que no había perdido el encanto underground y en el cual todo era muy espontáneo. Fue muy bonito aquello de desprofesionalizarse y, cuando volví a España, tenía las cosas mucho más claras, con mi personalidad artística mucho más formada.

¿De sus trabajos concretados en los Estados Unidos, Frozen Pool (2001), Foreing Land (2002) y Continental 62 (2006), con cuál o cuáles se quedaría por la razón de que considere? ¿Fue positiva la experiencia de cantar en inglés?

De los discos en inglés no me quedo con ninguno en particular porque cada uno tiene canciones que ahora me parecen imprescindibles para el conjunto de mi obra. Son testigos de un momento, de aquel momento, y bien diferentes de lo que he hecho posteriormente. Hay composiciones como Offscreen, por ejemplo, que es una canción que sólo he hecho una así en mi vida. O sea que no puedo nombrar a un solo de estos discos, ya que los tres me gustan mucho por motivos diferentes que ahora sería muy largo desentrañar.

¿Cómo fue aquella experiencia al lado de Nacho Vegas? ¿“Fatal”, cómo titularon aquel disco? Leí en algún lugar que aquello fueron “dos tipos raros haciendo música rara”… ¿Algún comentario a hacer sobre todo?

El disco con Nacho Vegas fue más que nada un experimento. La revista Rockdelux nos ofreció participar en un fin de semana de conciertos que estaban organizando y que tocáramos juntos canciones ya conocidas de cada uno. Yo lo que propuse fue: en vez de tocar cada uno las canciones del otro, que es lo que se suele hacer en casos parecidos, que nos juntáramos una semana para intentar escribir canciones, hecho que acabamos haciendo. Durante un fin de semana, compusimos. Después, otra semana, grabamos y salió este EP que tenía unos temas increíbles. Fue fantástico hacer esta gira, interpretando todo este material.

Desde fuera, se la percibe rodeada de un aura de alta cultura... Puedes hablar de todo –seguro– con absoluta propiedad. ¿Qué literatura, arte, teatro o cine (clásicos o de actualidad) os interesan ahora mismo?

Con respecto a lo que comentas, sí que soy una ávida lectora, y también me gusta mucho el cine e ir a conciertos. Por una cuestión egoísta, para imbuirse y conseguir renovar el entusiasmo y las fuentes de inspiración, hace falta estar muy al día sobre lo que se está haciendo por todas partes, indagando y aprendiendo cosas nuevas, no sólo sobre otros artistas sino también en metodologías, técnicas, componer de otras maneras o utilizar instrumentos diferentes, porque todo nos da nueva vida. En el caso del cine te puedo recomendar y me encanta Alice Roadwatcher, que tiene una película que se llama La quimera, y otra llamada Lázaro Felice. Esta directora me parece fantástica y muy diferente de otras cosas que se están haciendo. Me interesa mucho desde el punto de vista personal. En cine, lo único que he visto últimamente, que me ha gustado mucho es un documental muy interesante y muy valiente que se llama Las novias del Sur de Elena López Riera. Este proyecto audiovisual es, además, la demostración de que se puede hacer un documental que tiene una gran idea con poco presupuesto. Presenta una gran historia, ya que habla de una cosa que hemos tenido siempre delante de las narices y que ella ha conseguido poner en pantalla, como es un montón de mujeres mayores explicando su noche de bodas. En definitiva, os la recomiendo. Por otra parte, y en cuestión de literatura, personalmente siempre me ha gustado mucho leer poesía. Margaret Atwood, que es muy conocida por novelas como El Cuento de la Criada, me parece una poeta fabulosa a quién yo descubrí en esta faceta, antes de aquel libro que tuvo tanto éxito. Me sigue gustando muchísimo y siempre vuelvo.

Y, ya que estamos... ¿Te interesa ver series en la televisión? ¿Alguna recomendación?

Pues veo pocas series de televisión, sobre todo porque con las que veo hago eso que llaman el binge-watching, que significa que veo todos los capítulos seguidos. Y, bien, para que vea una serie tengo que saber que tendré el tiempo suficiente, sea porque estoy enferma o porque me estoy recuperando del jet lag; vaya, que podré estar tres días viéndola. En este sentido, la última que he visto es una titulada Cuando el polvo se hace ceniza, una serie danesa sobre un supuesto ataque terrorista. Aunque no me parece una obra maestra, sí que me pareció un experimento muy interesante, porque entrelaza la vida de ocho personas y todo lo que pasa antes y después, con un guion con apreciables aciertos y, bien, que sirve también para poner sobre la mesa un tema como es el del racismo a las sociedades europeas. Además, la serie habla de muchas otras cosas y me pareció interesante. Es bastante recomendable.

Háblenos de su espectáculo basado en las canciones de su última entrega discográfica, Los Versos Sáficos, basada en los poemas de Safo, un best-seller de la antigüedad, que también cantaba...

En realidad, no es la primera vez que me he inspirado en la mitología griega para componer alguna de mis canciones, porque ya lo había hecho a Canción del eco basándome en la Metamorfosis de Ovidio y el mito de Nariso. Creo que a raíz de eso, la productora Foco me ofreció hace tres años idear un espectáculo sobre Safo para el Festival de Teatro Clásico de Mérida que acabó resultando un experimento maravilloso. Yo adopté el papel de responsable musical y dejé la dirección de escena a una estupenda directora que es Marta Pazos y la parte de escritura a María Folguera. Al empezar mi parte de la composición, me metí en esta tarea tan bonita de adaptar los poemas de Safo a canción, tarea que acabó convirtiéndose en un proyecto personal. Al montaje teatral yo no cantaba sola las canciones, las interpretábamos entre todo el elenco. A veces, yo hacía una parte, otras las hacían más personas, y sí que es verdad que me quedé con ganas de tocar y cantar todas estas canciones más adelante. Después, al acabar las representaciones de la obra grabamos el disco, añadí otras canciones que no existían, pensando ya en crear un espectáculo en que ofrecer todo este material, aprovechando la oportunidad para explicar como había hecho este trabajo tan bonito de encajar los versos de Safo en canciones pop. Porque es una cosa que me lleva mucho tiempo y que en la obra de teatro pasaba un poco desapercibida, ya que había muchas cosas, no había mucha información y se perdía un poco el trabajo lírico que yo había hecho en las canciones, así que hicimos una extensión. Después de sacar el disco hicimos una nueva gira, enviando los versos sáficos, en qué ya me centro en las canciones y no en todo el resto y, bien, todos los cantautores, también mis favoritos, han tenido este momento de adaptar poetas, desde Leonard Cohen con Lorca o Rufus Wainwright que lo hizo con Shakespeare. Hay multitud de casos y yo tenía muchas ganas de hacer eso. Este caso con Safo es diferente porque hay traducción por el medio, y no se ha trabajado con griego eólico original, también por el hecho de que muchos de los poemas están incompletos. El Himno a Afrodita, que es un poco la columna de este trabajo, es el único poema completo de Safo. En este, sí que he hecho una adaptación canónica, manteniendo la estrofa sáfica original que son tres versos endecasílabos y un pentasílabo al final; un trabajo, digamos, que definiría como muy académico.

Usted, casi siempre, ha compuesto la letra y la música de las canciones. ¿Cómo definiría esta experiencia de poner la música a los versos de otra persona? ¿Considera que hay mucha dificultad para cuadrarlo todo de manera adecuada?

Aparte del Himno a Afrodita, las canciones restantes han sido mucho más laboriosas de hacer. Dado que los versos de Safo estaban troceados y constituían partes sueltas de una obra que nos ha llegado tan mutilada en conjunto, a la hora de meterlos en canciones me he tomado muchas libertades. He juntado versos que no iban juntos y he inventado vueltas que no existían –porque los griegos no tenían el concepto de vuelta como lo tenemos ahora– tratando, eso sí, de ser muy fiel al espíritu original de la autora, para trasladarlo todo a la canción pop. También he tenido muy en cuenta que su poesía no era escrita, sino que hace siglos se declamaba en vivo, acompañada de un coro y una lira, ante las grandes multitudes. Para entendernos, lo que hoy día sería una artista pop. De esta manera, lo que yo he intentado ha sido volver a estos versos, que están un poco cerrados en la academia, liberándoles de esta aura elitista que siempre tiene la poesía que parece que no está hecha para todo el mundo y ponerles en forma de canción precisamente para que puedan llegar al máximo número de gente posible. Se trata, al fin y al cabo, de demostrar que la poesía de Safo no es críptica, en absoluto, sino que es muy sencilla, que es abierta y sensual. De hecho, en una época en que Homero está cantando a la guerra, y en todo aquello que es épico, Safo, a pesar de eso que he comentado, empieza a cantar en primera persona sobre los sentimientos. La poética lírica, pues, nace con ella y con Alzáis, su coetáneo en la isla de Lesbos. Por lo tanto, se puede fechar y afirmar que es la primera de una estirpe de cantautores que llega hasta hoy día.

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