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Una pastelería de Lleida celebra sus ochenta años siendo una de las más longevas de la ciudad y de mayor prestigio

“Cuando los clientes elogian tu trabajo, hace que todo valga la pena”, destaca Marta Llinàs, responsable de la Pastisseria Terés de Sant Antoni

Patricia, Maria Teresa Terés y Marta Llinàs, hija y nieta, respectivamente, de los fundadores de la pastelería. - PASTISSERIA TERÉS

Patricia, Maria Teresa Terés y Marta Llinàs, hija y nieta, respectivamente, de los fundadores de la pastelería. - PASTISSERIA TERÉS

Santi Costa Domingo
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El 18 de marzo de 1945 Manel Terés i Teresa Florensa levantaron por primera vez la persiana de la Dulcería Terés, un negocio icónico de la calle Sant Antoni que, 80 años después, sigue activo y sin renunciar a los valores que le han convertido en una de las pastelerías más longevas y de mayor prestigio de la ciudad, que son la artesanía, la gran calidad de sus productos y dar un trato a sus clientes que les ha permitido conservarlos durante generaciones. Ahora la regenta la nieta de Manel y Teresa, Marta Llinàs, que con la ayuda de su madre, Maria Teresa Terés, y de Patrícia, una trabajadora que lleva años detrás del mostrador, se preparan para celebrar el próximo martes los 80 años de una de las tiendas más dulces del Eix.

“Mi madre hubiera querido que me dedicara a un oficio no tan sacrificado, pero me encanta, es muy agradecido y cuando alguien elogia tu trabajo hace que todo valga la pena”, dice Llinàs, que explica que la tienda siempre ha estado en el número 17 de Sant Antoni. En 1978 se amplió y en 2007 se reformó en la pastelería que es ahora. Llinàs explica que la inauguración de la tienda en 1945 tuvo un pequeño contratiempo. “Mis abuelos abrieron el 18 de marzo y entonces no tenían obrador, por lo que utilizaron los de otras pastelerías, pero al día siguiente, que era Sant Josep, ¡no pudieron abrir porque se quedaron sin género!”. Un hecho que, afortunadamente, se quedó en una simpática anécdota y desde entonces no han fallado ningún día a su cita con los clientes, algunos de los cuales son de familias que llevan varias generaciones comprándoles lionesas, brioxes, chocolate, bombones y, sobre todo, Granados y Titans. 

Els granados, un dels seus dolços més icònics i lleidatans. - MAGDALENA ALTISENT

Els granados, un dels seus dolços més icònics i lleidatans. - MAGDALENA ALTISENT

Estos dos últimos, cuenta Llinàs, surgieron de un concurso que se hizo entre pasteleros leridanos en 1956 que buscaba un dulce que soportara la climatología de Lleida y de máxima calidad. “Los Granados los creó la Pastisseria Torres de la plaza Sant Joan, en homenaje a Enric Granados y se llevó el primer premio, mientras que mi abuelo creó los Titans, que son en honor a los ‘titans de raça gegantina’ que hicieron la Seu Vella según el poema El campanar de Lleida de Magí Morera. Durante años ofrecimos los Granados las pastelerías de la ciudad y después los patentamos a nivel de gremio y los vendemos en cajas con un tríptico informativo con sus ingredientes y su historia”, explica Llinàs.

También vivieron épocas duras, como la crisis de 2008 o la de la Covid, que cogió a Llinàs con 100 kilos de chocolate listo para hacer Monas. Recuerda que “cuando vi que nos cerraban empecé a llorar, pero mi madre me animó a seguir y gracias a internet enviamos monas a Lleida, Zaragoza o Barcelona. Quiero pensar que ayudamos a hacer más llevaderos esos días llevando las monas a los fillols, la incertidumbre fue dura, pero nunca pensé tirar la toalla ni lo haré ahora, seguiremos siempre adelante, no decepcionaré a mis clientes”, concluye Llinàs.

Manel Terés, a la botiga. - PASTISSERIA TERÉS

Manel Terés, a la botiga. - PASTISSERIA TERÉS

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