Impacto emocional
Lo he escrito en anteriores ocasiones. España (y por extensión, también Catalunya, por qué no) es un país bastante cainita en el cual cuesta reconocer según qué valores y aportaciones, sobre todo en campos como los artísticos, en este caso, la música y sus creadores, donde imperan modas pasajeras y, por mor de las nuevas tecnologías, todo se vuelve efímero y, en el mejor de los casos, dura tres telediarios. La música de este país, desde los años cincuenta y hasta ahora mismo, ha visto nacer grandes personalidades en forma de solistas o bandas que, en muchos casos, han hecho historia creando obras de gran calado. Sí que es verdad que podemos contar con los dedos de una mano aquellos nombres que han logrado mantenerse décadas y décadas en el candelero y que pueden lucir con orgullo carreras de 40, 50 o 60 años de duración a pleno rendimiento, como Serrat, Miguel Ríos, Raphael o Víctor Manuel, por ejemplo. Pero existen, también, otros nombres de trayectoria más efímera, pero que, igualmente, llenaron una época con sus canciones y el éxito alcanzado, aunque, por circunstancias diversas, pasaron poco a poco al olvido, perdiéndose en la nebulosa del tiempo. Me maravilla ver que países como el Reino Unido, Francia o Italia mantienen un enorme respecto y afecto por sus figuras pioneras y no dejan de defender a muerte a artistas como Cliff Richard, Paul McCartney, Johnny Hallyday, Françoise Hardy, Mina o Adriano Celentano, algunos, ya tristemente desaparecidos. En nuestro país, sin embargo, si afirmas que te gustan Los Sírex, Los Brincos, Karina, Mari Trini, Nino Bravo, Cecilia o cualquier otra estrella de hace cuatro o cinco décadas, directamente te tachan de hortera, carrozón o trasnochado. Yo reivindico desde aquí la música de otros tiempos y, como muestra, el espectáculo Pioneros del Pop Español protagonizado por Helena Bianco de Los Mismos, Santi Carulla de Los Mustang, Paco Pastor de Fórmula V y Micky Carreño de Micky y Los Tonys, apoyados por Pablo Perea de La Trampa, en un acto de justicia y reconocimiento a varias generaciones de músicos que nos hicieron felices con sus inolvidables aportaciones.
Media entrada de público, generacionalmente relacionado, pero que no paró de corear y bailar un puñado de hits indiscutibles de los sesenta y setenta, cuyo impacto emocional y huella aún perviven en nuestro imaginario colectivo. Mayores SÍ, pero grandes artistas, en suma, que, aún, se mantienen más o menos activos, y con ganas suficientes y toda la dignidad necesaria para pisar todavía cualquier escenario.