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Para empezar, felicitaciones a la organización por programar algunos conciertos del MUD 2025 en el patio del Escorxador combinando música y vermut, a muy buena hora y aprovechando la magnífica y soleada mañana de sábado que gozamos, tras una semana de mal tiempo y lluvia continuada. Fue el caso de Raquel Lúa, una de nuestras cantautoras emergentes más valiosas, que debutó en 2015 y cuyo bagaje en forma de maravillosas canciones podemos encontrarlo en diferentes entregas discográficas de larga y corta duración, amén de un buen ramillete de colaboraciones con otra gente, que demuestran que ha llegado al negocio para quedarse. Sus argumentaciones son notables, destacando su enorme capacidad compositiva que la retrotrae a la mejor tradición de la canción de autor de este país. Como otros grandes, Lúa canta en catalán y en castellano, indistintamente, con una voz sugerente capaz de emocionar y tocar, como pocos, la fibra sensible del oyente. Esta actuación matinal fue seguida por un buen número de curiosos que acudieron a su encuentro conscientes de quien oficiaba, junto a unos cuantos transeúntes más sorprendidos, que se la encontraron por la calle y que se apuntaron a la hermosura que se podía oír, permaneciendo en el recital hasta que este llegó a su final. Encima del escenario, una Raquel Lúa sola, a voz y guitarra a pelo, dando muestra de su gran calidad interpretativa y demostrando que en tono de compositora no tiene nada que envidiar musicalmente a nadie en la actualidad. Bien, durante la hora justa que duró esta primera presencia suya en el MUD, la artista barcelonesa se mostró cálida y próxima al público, explicando con sumo orgullo sus antecedentes familiares desde el sur peninsular y la extracción temática de su música, haciendo referencia al lugar de dónde viene, qué piensa y cuáles son las cosas importantes de su vida y de las que quiere hablar. También dejó claro su amor por el folklore y la tradición, campos sonoros por los que orbitan la mayoría de sus composiciones originales. Porque, si me lo permiten, me haré eco, impresionado, aparte de por todo lo ya apuntado, por su enorme madurez como escritora, plasmada magníficamente en estos tres discos, Ruegos y demás (2018), Piel (2022) y Peinar raíces (2025) y en varias entregas más de corta duración, como el trabajo junto a Yeray Hernández de 2015 o el EP Kairós, de 2020, que demuestran que lo suyo es puro arte. No nos cabe la menor duda de que Raquel Lúa tiene ante sí una larga trayectoria en esto de la música porque tiene madera buena y recia, ganas infinitas y un talento sin límite que acabará situándola entre lo mejor de la canción de autor de este país. Si no, al tiempo.

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