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El número escogido como colofón a la pasada edición del Festival MUD 2025 fue de todo el cartel planteado, seguramente, lo más llamativo a nivel visual y, también, ¿por qué no?, a nivel musical. No en vano y pese a lo muy ecléctico del planteamiento a priori de un evento como este que, desde sus inicios, se ha anunciado como plataforma alternativa para conocer y disfrutar estilos folklóricos muy diversos y psicodelia alternativa, provenientes de los rincones más recónditos del mundo, poder ver y gozar de formaciones como esta Benin International Musical (BIM), tan diferente a casi todo lo que habitualmente se nos ofrece, resulta un auténtico privilegio y una ocasión que no debimos desaprovechar bajo ningún concepto. Según Wikipedia, la República de Benín es una consecuencia artificial de la expansión colonial francesa, que unió a los antiguos reinos del pueblo fon (Dahomey y Porto Novo) con numerosos pueblos del interior, formando la colonia de Dahomey. A estas alturas de su historia, la mixtura cultural de este estrecho país situado en el occidente africano, vecino de Nigeria, Níger, Burkina Faso y Togo, es enorme dando como resultado una gran variedad musical, rica en texturas, ritmos y melodías. La formación de la BIM que nos visitó hace unos días y que cumplió a la perfección esa labor de concluir por todo lo alto y poner el mejor broche de oro posible al festival, lo hizo, y con creces, ofreciendo un llamativo y vistoso show músico-vocal cantado en diferentes lenguas regionales y también en francés, idioma vehicular del país, devolviendo al gospel, al rock y al rap a sus orígenes vudú. Pero no al vudú que el cine y la televisión occidentales nos han vendido –sincretismo afroamericano y cristiano de ritos pintorescos, incluidos sacrificios animales y muñecos atravesados con agujas contra el mal de ojo o espíritus malignos...– sino, como los propios músicos nos explicaron, al vudú africano ancestral, que es una filosofía pacífica basada en pureza sincera y fraternidad, que ellos expresan con la danza y sus canciones y, lo dicho anteriormente, a partir de una amalgama riquísima de expresiones folklóricas. En esta ocasión, los cinco integrantes del BIM (a veces se presentan en formación más extendida), vistosamente ataviados con colores y estampados de fantasía, rindieron un sentido homenaje a la música de sus ancestros, reflejando tradición y las peculiares sonoridades de las ceremonias y fiestas de su país, que nos pusieron a bailar a todos como auténticos posesos y en trance, con ese ritmo propio tan alegre y contagioso, tan, tan groove.

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