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Que los móviles y las pantallas portátiles en general han cambiado nuestra forma de vida es una evidencia innegable. Que estos equipos tienen grandes ventajas por la facilidad de uso, sus múltiples funciones o su inmediatez, también. Pero no podemos negar que el abuso y, mejor dicho, la adicción a estos dispositivos comporta graves perjuicios y más si el usuario es de corta edad o bien se está formando. De este modo, fue acertada la decisión de prohibirlos en la educación Infantil y Primaria y restringirlos solo a actividades pedagógicas en algunas etapas de la enseñanza, aunque ahora su veto podría ir a más. En este sentido, la consellera de Educación y FP de la Generalitat, Esther Niubó, avanzó ayer que su departamento ha impulsado la Comisión para una Digitalización Responsable, a la que encargará evaluar que se prohíba el uso de los móviles en el conjunto de las etapas de la educación obligatoria. Este organismo, que estará formado por 50 miembros –entre profesionales y representantes de organizaciones sobre desarrollo digital y referentes, directores de centros y docentes– también deberá “evaluar la restricción de las pantallas en la Educación Infantil”. Se prevé que, una vez sus trabajos acaben a finales de junio, pueda disponerse ya el próximo curso de una guía de buenas prácticas y recomendaciones para los centros educativos y los profesionales, y otra para las familias.

La consellera afirma que, con esta nueva comisión, “se da un paso más” en la regulación que ya había hasta ahora, que afectaba exclusivamente a los móviles, ya que ahora se extiende a todas las pantallas y a los dispositivos y recursos digitales en el aula. Actualmente en la Secundaria se permite el móvil cuando se justifica un uso pedagógico y didáctico, por lo que con esta nueva comisión se quiere valorar si “sería mejor eliminarlo directamente del conjunto de las aulas y poder utilizar otros dispositivos para hacer esas tareas”. Además, se ha encargado una auditoría para “evaluar cómo se están utilizando actualmente los dispositivos” y qué valoración hacen, y este informe, según Niubó, podría estar a punto a partir del verano.

Veremos qué dictaminan los expertos pero lo que está claro es que es necesario tomar medidas para evitar que se pierdan hábitos que forman a niños y niñas en una etapa vital básica y que van a determinar su futuro, hábitos que, entre otros, son la escritura y la lectura que, por desgracia, parecen perder adeptos a pasos agigantados por “culpa” de las pantallas. Y esto no es solo responsabilidad del entorno escolar, que en parte lo es. Las familias deben implicarse, quizá más de lo que lo hacen en la actualidad, en fomentar este tipo de actividades entre sus hijos.

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