Un Sant Miquel, dos certámenes
Jaume el Conqueridor otorgó a la ciudad de Lleida el año 1232 (Corona de Aragón) el privilegio de organizar una feria anual que podía llegar a durar 10 días en el entorno de Sant Miquel, el 29 de septiembre. Esta actividad se ha prolongado en el tiempo desde el siglo XIII hasta nuestros días, con algunas interrupciones y, evidentemente, con una evolución de los productos expuestos o a la venta. Fue la Mancomunitat de Catalunya la que en 1921 promovió un concurso de tractores y poco a poco y dado el progreso que el agua y los canales trajeron a Ponent, el certamen se especializó en agricultura y ganadería pero sin perder nunca el carácter popular de fiesta y mercado. Ahora, ya en el siglo XXI, Sant Miquel daba muestras de haber agotado la fórmula, tanto por la profesionalización que ha adquirido la muestra, como por los inconvenientes que comporta aunar en un mismo espacio un taller de experiencias gastronómicas o venta de coches con ponencias sobre el futuro del campo. Por tanto, parece una decisión más que acertada separar ambos eventos. Por Sant Miquel, la feria popular de siempre, con diferentes sectores que puedan atraer a los visitantes o compradores, y para noviembre un certamen profesional mucho más acotado donde los expertos de la agricultura y la ganadería aborden los retos y los objetivos de los payeses de Lleida para mantener, y aumentar si cabe, el progreso que las explotaciones agrarias han traído a las comarcas de Ponent en el último siglo y medio.
Los disparates de Trump
Las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre Gaza han provocado reacciones y preocupación en la comunidad internacional. Trump recibió al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, este pasado martes en la Casa Blanca, y allí propuso que EE.UU. tome el “control” y reconstruya la Franja tras “reasentar” permanentemente a su población palestina en otros países, una propuesta que va en contra de la legalidad internacional y de los derechos humanos. Especialmente críticas han sido las palabras del alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, que ha respondido a Trump recordando que “toda deportación o transferencia forzada de personas sin base legal está estrictamente prohibida”. El derecho internacional es muy claro: la autodeterminación es un principio fundamental y debe ser protegida por todos los Estados y por la Corte Internacional de Justicia. Ni que decir tiene que nadie con dos dedos de frente en el mundo entero puede tomar en consideración tal propuesta y que los organismos competentes han de comenzar a pararle los pies al mandatario norteamericano y sus locuras antidemocráticas.