María Luisa Lanza Camus, primera taxista con licencia propia en Lleida: «Se puede hacer lo que uno quiera, sin importar el género»
En 1982, en un sector dominado por hombres, esta madre de seis hijos rompió barreras y enfrentó prejuicios para convertirse en pionera del taxi en Lleida

María Luisa Lanza con su taxi. Trabajó conduciendo estos vehículos durante siete años, hasta 1989.
¿Cómo acabó siendo la primera taxista de Lleida con licencia propia?
Empecé a trabajar con 13 años en una pastelería después de que un día fui al colegio y les dije que ya había aprendido bastante. A partir de entonces tuve varios trabajos. Con 42 años, yo ya era madre de seis hijos y llevaba años fregando en casas y tiendas. Eso era muy duro, con las manos moradas... Y un día el destino hizo que se me presentara la oportunidad gracias a una amiga. Me saqué el carnet de camión. ¡Lo conseguí a la primera! Cuando llegué al gremio de taxistas, ya había siete mujeres, pero conducían con la licencia del marido.
¿Qué año era?
Era 1982, tenía 42 años. El gremio era respetuoso conmigo, te trataban como una niña tonta, pero era la época. No me afectaban los comentarios. A alguno tuve que plantarle cara. Y había clientes que no querían subirse conmigo al coche. Pero también tenía otros que solo querían que los llevara yo, como un despacho de abogados de Rambla Ferran. Que me llamaran “nena” no me molestaba, era habitual entonces. Aunque no solo era cosa de hombres, sino que también había muchos prejuicios por parte de mujeres.
¿Cuánto tiempo en el taxi?
Después de siete años, tenía muchos nervios y había pasado por algún susto. Un día, un cliente me llevó por un camino por el que no pasaba nadie. Aproveché que bajó del coche para irme y no paré hasta llegar a una gasolinera con un ataque de ansiedad. Y mientras pensaba si cambiaba, ya me había salido comprador para la licencia.
¿Y qué hizo entonces?
¡Pues tenía que ponerme a buscar trabajo! Vi un anuncio que buscaban gente en Correos y me presenté, pero mientras no me llamaban me fui a trabajar a una cámara de fruta, de camarera en la plaza Sant Joan o a una lavandería. En lo que me salía.
Creo que también intentó ser conductora de autobús.
Conductores de autobús de la ciudad me tenían simpatía y me lo propusieron. Me presenté pero no me cogieron y lo probé en otras empresas. Todas me decían que no estaban preparados para tener conductoras, que no tenían ni lavabos para mujeres. Si me hubiera podido comprar yo un autobús, ¡hubiera sido la número uno! Al final entré en Correos y allí estuve 22 años hasta que me jubilé.
¿Le dijeron abiertamente que no la contrataban por ser mujer?
En una empresa fui y les dije que no me contrataban por eso, porque a pesar de que me presentaba y no me cogían seguían publicando un anuncio con una vacante. Era principios del 89.
Es muy injusto...
Yo, a mis compañeros, siempre les decía que “si tú tienes que levantar una lavadora o una nevera tendrás que pedir ayuda, pues una mujer lo mismo”. Nosotras lo podemos hacer todo, si eres capaz y quieres, y sin poner etiquetas ni importar el género.
Y sus hijos, ¿qué le decían?
Ellos no opinaban, con el tiempo lo han valorado. Me perdí muchas cosas, pero también hacía muchas otras. Sacaba tiempo para todo, aunque con prisas. Pero tenían que comer y estudiar y estoy orgullosa de que todos me hayan salido tan buenos y trabajadores.
¿Iban con usted en el taxi?
Los domingos venía mi hija, incluso a veces mientras llevaba a algún cliente. También me hicieron de intérprete con pasajeros que hablaban en francés o inglés. Yo nunca decía que no, improvisaba lo que fuera.
¿Cree que todavía hay discriminación por el hecho de ser mujer?
Sí, aún hay, aunque todo ha cambiado mucho. La juventud todavía tiene que hacer mucha cosas. Yo a mis nietas les digo que ellas tienen que saber lo que valen y que nadie las debe menosprecie. Que nunca digan que no pueden si no lo han intentado antes. Y que los demás digan y piensen lo que quieran. Yo también pensaba que no podía, nadie me había enseñado a hacer nada, solo a bordar y coser.
Con casi 80 años no para...
No sé estar parada. Soy voluntaria en asociaciones, estoy en el coro y en un club de lectura.