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El accidente culinario del siglo XIX que transformó un vegetal en el tesoro gastronómico del calçot

La tradición de los calçots, que hoy moviliza millones de unidades en Catalunya, nació, según una teoría, de un error de cocción que reveló un sabor inesperado

Una 'calçotada' en Lleida.

Una 'calçotada' en Lleida.Marc Codinas

Lluís Serrano
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La gastronomía está repleta de historias fascinantes, pero pocas tan curiosas como la que rodea el origen de los calçots, esas cebolletas alargadas que han trascendido las fronteras de Catalunya para convertirse en un fenómeno gastronómico nacional. Lo que hoy reúne a miles de comensales alrededor de las brasas comenzó, según cuenta la tradición, como un simple descuido culinario en el siglo XIX.

Un error afortunado que revolucionó la cocina catalana

La historia más extendida sobre el nacimiento de esta delicia sitúa a Xat de Benaiges, un campesino de Valls (Tarragona), como el involuntario creador de este plato. Según relatan las crónicas populares, todo ocurrió cuando este agricultor puso a asar unos brotes de cebolla y, distraído en sus labores, los dejó en el fuego más tiempo del necesario.

Lo que podría haber terminado en desperdicio se convirtió en descubrimiento: al retirar las capas exteriores carbonizadas, Benaiges encontró un interior tierno y dulce que nadie había saboreado antes. Este hallazgo casual dio origen a una de las tradiciones gastronómicas más arraigadas en Catalunya.

Los calçots han de ir acompañados de su indispensable salsa de romesco.

Los calçots han de ir acompañados de su indispensable salsa de romesco.Marc Codinas

Sin embargo, investigaciones arqueológicas sugieren que esta práctica podría ser mucho más antigua. Algunos expertos señalan que ya existían representaciones de la época romana donde se aprecian personas comiendo lo que denominaban "porrus capitatus" —antepasado directo del actual calçot— con la característica postura de brazo alzado y mirada al cielo que hoy asociamos con las calçotadas.

Una producción que alcanza cifras millonarias

El fenómeno de los calçots ha alcanzado dimensiones extraordinarias en la actualidad. Una empresa distribuirá desde Lleida más de 2.000.000 de unidades durante esta temporada, que se extiende tradicionalmente desde noviembre hasta abril, aunque su consumo se intensifica especialmente durante el primer trimestre del año.

El caso de El Rebost de Ponent, en Castellnou de Seana (Lleida), ilustra perfectamente la magnitud de este negocio. Esta empresa familiar, fundada hace 14 años, ha logrado posicionarse como un referente en el sector, despachando más de 110.000 calçots en un solo fin de semana. "La gente busca la comodidad", explica Jordi Llanes, propietario del negocio, quien apostó por ofrecer un ciclo cerrado de producción rechazando incluso ofertas de grandes distribuidoras.

El éxito de su modelo ha sido tal que su restaurante, con capacidad para 90 comensales, tiene reservas completas hasta finales de abril. "Para nosotros la calçotada es una fiesta", asegura Llanes, quien también ofrece a sus clientes la posibilidad de conocer todo el proceso productivo, desde el cultivo hasta el plato.

El tesoro nutricional que esconde este vegetal de temporada

Más allá de su sabor característico y la experiencia social que generan, los calçots esconden un perfil nutricional excepcional que los convierte en aliados de la salud. Con apenas 30 calorías por cada 100 gramos, representan una opción ideal para quienes buscan cuidar su línea sin renunciar al placer gastronómico.

Su riqueza en antioxidantes como flavonoides y quercetina les confiere propiedades protectoras contra el envejecimiento celular y diversas patologías crónicas. Los estudios realizados sobre este alimento han demostrado su capacidad para combatir los radicales libres, responsables del deterioro celular y vinculados con enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer.

El aporte vitamínico de los calçots también resulta destacable, especialmente en cuanto a vitamina C, fundamental para reforzar el sistema inmunitario, y vitamina B6, implicada en funciones cerebrales esenciales y en la síntesis de neurotransmisores. Complementan este perfil minerales como el potasio y el calcio, reguladores de la presión arterial y responsables de la salud ósea.

A estas virtudes se suman sus efectos diuréticos y depurativos, gracias a su alto contenido en agua y fibra, que favorecen la eliminación de toxinas y mejoran la función renal. No es de extrañar, por tanto, que los expertos en nutrición recomienden su inclusión en dietas equilibradas, especialmente tras periodos de excesos alimentarios.

La expansión de una tradición más allá de sus fronteras originales

Aunque la tradición de las calçotadas nació y se consolidó en Catalunya, en las últimas décadas ha traspasado fronteras regionales para conquistar otras zonas de España. Madrid se ha convertido en uno de los principales epicentros de esta expansión, con numerosos restaurantes especializados y eventos dedicados a esta celebración gastronómica.

El ritual de la calçotada, que incluye no solo la degustación de los vegetales asados sino también la característica salsa romesco que los acompaña, ha conseguido atraer a comensales de todos los rincones del país, consolidándose como una experiencia culinaria que trasciende lo meramente gastronómico para convertirse en un acontecimiento social.

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