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Siete leridanos pidieron ayuda para morir en 2024 y cuatro la recibieron, tres más que el año anterior

En el conjunto de Catalunya el número de eutanasias hechas crece un 51%

Bruce Tang / Unsplash

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Lluís Serrano
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redacció / ACN

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Un total de 358 personas pidieron ayuda para morir en 2024 en Catalunya, un 63% más que el año anterior, entre las cuales siete leridanos –uno más que el año anterior–. Con respecto al número de prestaciones hechas, fueron 142, un 51% más. En la demarcación de Lleida recibieron la eutanasia cuatro personas, ante la única persona que la recibió en 2023. Son datos del informe anual sobre la aplicación de la Ley de regulación de la eutanasia en Catalunya, presentado este lunes. Los portavoces de Salud creen que el incremento en las solicitudes y las prestaciones se puede relacionar con un conocimiento cada vez mayor de la ley, que entró en vigor en junio de 2021, y desde la asociación Derecho a Morir Dignamente lo atribuyen también al aumento de los Documentos de Voluntades Anticipadas (DVA). Esta entidad y la Comisión de Garantía y Evaluación piden insistir en la información a los ciudadanos y en la formación a los profesionales sanitarios.

Las solicitudes de prestación de ayuda para morir (PRAM) aumentaron en 2024 en Catalunya y, por término medio, hubo prácticamente una al día, con un 358. De las solicitudes recibidas, se aprobaron 189, un 73% más que en 2023, y se realizaron un total de 142 eutanasias.

Durante el procedimiento para la eutanasia, 121 personas murieron antes de recibir la prestación; eso representa una de cada tres que la habían pedido. Por otra parte, hubo 25 denegaciones (7%). Las eutanasias representan un 0,21% del total de las defunciones en Catalunya el año pasado.

La mayoría de solicitudes vienen de la atención primaria

De los 358 solicitantes de la prestación de ayuda para morir en el conjunto de Catalunya, más de la mitad eran mujeres (53%), con una media de edad de 75 años. Los hombres representan el 47% y la media de edad es de 74 años. La mayoría de las solicitudes (62%) provienen de la atención primaria, seguida de los hospitales (28%), la atención intermedia (9,5%) y las residencias de personas mayores (0,5%).

Albert Planes, médico de familia y vocal de la Comisión de Garantía y Evaluación de la eutanasia; Clara Pareja, directora general de Ordenación y Regulación Sanitaria, y Cristina Vallès, presidenta de la asociación Derecho a Morir Dignamente, en rueda de prensa este lunes.

Albert Planes, médico de familia y vocal de la Comisión de Garantía y Evaluación de la eutanasia; Clara Pareja, directora general de Ordenación y Regulación Sanitaria, y Cristina Vallès, presidenta de la asociación Derecho a Morir Dignamente, en rueda de prensa este lunes.Laura Fíguls / ACN

Con respecto a las personas que finalmente recibieron la prestación, un 56% eran mujeres, con una media de edad de 78 años, y el 44% eran hombres, con una media de edad de 74. El año pasado, se igualaron las prestaciones hechas en el hospital y las eutanasias al domicilio: un 39,5%. Las prestaciones en los centros de atención intermedia representaron un 7% y en las residencias de personas mayores, un 14%.

Con respecto a los problemas de salud que originan una petición, las enfermedades oncológicas son el primer motivo detrás de las solicitudes (24%), seguidas de las neurodegenerativas. En cambio, en el caso de las eutanasias hechas, las neurodegenerativas son el primer motivo (33%), seguidas por las oncológicas (21%).

Más información, formación y tiempo

La directora general de Ordenación y Regulación Sanitaria del Departamento de Salud, Clara Pareja, ha señalado que, además de un incremento sostenido de las solicitudes, la valoración de las patologías y situación clínica de las personas que piden ayuda para morir cada vez es más compleja. También ha constado que la distribución territorial es desigual y ha apuntado que hay que profundizar en el estudio de los datos para identificar posibles acciones.

Albert Planes, médico de familia y vocal de la Comisión de Garantía y Evaluación de Catalunya (CGAC) de la eutanasia, ha puesto el acento en la necesidad de reforzar la formación, el apoyo y el tiempo a los profesionales sanitarios ante una petición de eutanasia.

Se nos educa para salvar o ayudar a vivir. También acompañamos a una persona cuando muere, pero con la eutanasia nos piden que lo ayudemos a morir y eso puede crear una sensación de miedo inicial. "¿Seré capaz de hacerlo bien? ¿Hay algún problema moral o ético?", se preguntan a veces, ha reflexionado, para añadir: "El profesional también puede necesitar un tiempo. En cualquier caso, hay estudios que dicen que los profesionales pasan del miedo a la paz. Sienten una paz intensa cuando han podido ayudar a una persona a dejar de sufrir".

Cristina Vallès, presidenta de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, ha valorado muy positivamente la publicación de este informe y se ha mostrado de acuerdo con sus conclusiones. Vallès ha incidido en aspectos que pueden mejorar y en su caso ha puesto el foco en la información a los ciudadanos sobre la regulación de la eutanasia como una prestación sanitaria garantizada y también sobre el Documento de Voluntades Anticipadas (DVA), un conjunto de instrucciones que una persona mayor de edad escribe sobre el tratamiento médico que quiere recibir si él no puede expresarse y sobre como se imagina el final de vida de acuerdo con sus valores.

En este sentido, Vallès ha recordado que han incrementado mucho los documentos registrados en los últimos meses, sobre todo desde que se pueden formalizar ante profesionales sanitarios de la atención primaria. La presidenta de la entidad ha puntualizado que, si bien muy pocas personas pedirán la eutanasia, en este documento se habla del final de vida, hecho que ayuda a "normalizar" todos los aspectos que lo rodean, entre ellos la eutanasia.

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