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Los alimentos que mucha gente comen cada día y son muy poco saludables

Expertos advierten sobre los riesgos para la salud del consumo habitual de carnes procesadas como salami y embutidos, y recomiendan alternativas más saludables

Carne roja procesada.

Carne roja procesada.Unsplash

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La alimentación diaria de muchos españoles incluye productos cárnicos procesados que, a pesar de su popularidad, representan un riesgo significativo para la salud. Salami, chorizo y diversos tipos de embutidos contienen elevados niveles de sodio, conservantes artificiales y componentes potencialmente cancerígenos, según confirman numerosos estudios nutricionales. Esta situación preocupa especialmente a las autoridades sanitarias, dado que España se encuentra entre los países europeos con mayor consumo de productos cárnicos procesados.

Los expertos en nutrición llevan años alertando sobre el impacto negativo que estos alimentos tienen en nuestro organismo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya clasificó en 2015 las carnes procesadas como carcinógenos del Grupo 1, la misma categoría que el tabaco, aunque con diferente nivel de riesgo asociado. A pesar de estas advertencias, millones de españoles continúan incluyendo estos productos en su dieta habitual, especialmente en bocadillos y aperitivos.

El problema fundamental radica en que estos alimentos, a pesar de formar parte de nuestra tradición gastronómica, contienen componentes que, consumidos con regularidad, pueden incrementar significativamente el riesgo de desarrollar enfermedades graves a largo plazo.

¿Por qué los embutidos son perjudiciales para la salud?

El principal motivo de preocupación respecto a los embutidos y salchichas es su composición. Estos productos contienen niveles excesivamente altos de sodio, lo que contribuye a la hipertensión arterial y problemas cardiovasculares. Un solo sándwich con 50 gramos de embutido puede contener hasta el 30% de la ingesta diaria recomendada de sal.

Además, para prolongar su vida útil y mantener su aspecto apetecible, los fabricantes añaden conservantes como nitritos y nitratos. Estas sustancias, al ser procesadas por nuestro organismo, pueden transformarse en compuestos N-nitroso, reconocidos agentes cancerígenos que se han asociado principalmente con un mayor riesgo de cáncer colorrectal.

Otro factor problemático es su elevado contenido en grasas saturadas. Un estudio realizado por la Universidad Complutense de Madrid reveló que algunos embutidos tradicionales españoles contienen hasta un 40% de grasa, de la cual aproximadamente dos tercios corresponden a grasas saturadas, relacionadas con el aumento del colesterol LDL y problemas cardiovasculares.

Alternativas saludables para sustituir los embutidos

Afortunadamente, existen opciones más saludables que pueden reemplazar a los embutidos en nuestra dieta diaria. La carne no procesada, como el pollo o pavo a la plancha, representa una alternativa con menor contenido en grasas saturadas y sin conservantes añadidos. Estas carnes aportan proteínas de alta calidad y pueden utilizarse en sándwiches, ensaladas y diversos platos.

Los huevos constituyen otra excelente opción proteica. Contrariamente a lo que se pensaba hace años, estudios recientes indican que su consumo moderado no incrementa el riesgo cardiovascular en la mayoría de las personas. Una tortilla francesa o un huevo cocido pueden ser excelentes complementos para un desayuno o almuerzo saludable.

El requesón o cottage cheese se presenta como una alternativa láctea baja en grasas y rica en proteínas. Su sabor suave y su textura cremosa lo convierten en un complemento ideal para tostadas o como relleno para wraps y ensaladas.

Las opciones vegetales también son recomendables. El hummus, elaborado principalmente con garbanzos, tahini y aceite de oliva, aporta proteínas vegetales, grasas saludables y fibra. El aguacate, rico en grasas monoinsaturadas beneficiosas para el corazón, puede ser un sustituto cremoso ideal para untar en pan.

El impacto de los embutidos en la dieta mediterránea

Resulta paradójico que, siendo España uno de los países abanderados de la saludable dieta mediterránea, el consumo de embutidos siga siendo tan elevado. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, cada español consume aproximadamente 7 kilogramos de embutidos al año, una cifra que preocupa a los especialistas en salud pública.

La dieta mediterránea tradicional se caracteriza por el predominio de alimentos de origen vegetal, pescado, aceite de oliva y un consumo moderado de carne, preferentemente no procesada. Sin embargo, la industrialización alimentaria y los cambios en los hábitos de consumo han llevado a una mayor presencia de productos procesados en la mesa española.

Los nutricionistas recomiendan recuperar los principios básicos de la alimentación mediterránea, limitando el consumo de embutidos a ocasiones especiales y en cantidades reducidas, en lugar de incluirlos como parte de la dieta diaria.

¿Cómo identificar los embutidos más perjudiciales?

No todos los productos cárnicos procesados presentan el mismo riesgo para la salud. Al realizar la compra, es recomendable revisar el etiquetado nutricional, prestando especial atención a:

  • Contenido en sodio: Cuanto menor sea, mejor para nuestra salud cardiovascular.
  • Presencia de nitritos y nitratos: Identificados en el etiquetado como E-250, E-251, E-252, etc.
  • Porcentaje de grasa: Especialmente relevante es la cantidad de grasas saturadas.
  • Lista de ingredientes: Cuanto más larga y con componentes difíciles de identificar, menos recomendable suele ser el producto.

Algunos fabricantes están desarrollando líneas de embutidos con menor contenido en sal, grasas y conservantes. Aunque siguen sin ser alimentos recomendables para el consumo diario, pueden representar una opción menos perjudicial para consumos ocasionales.

¿Qué dicen los expertos sobre el consumo ocasional?

Los especialistas en nutrición coinciden en que no es necesario eliminar completamente los embutidos de nuestra alimentación. La clave está en la frecuencia y la cantidad. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda limitar su consumo a ocasiones puntuales y en raciones moderadas.

"No se trata de demonizar alimentos que forman parte de nuestra cultura gastronómica, sino de ser conscientes de sus efectos sobre la salud y ajustar su consumo en consecuencia", explican desde la SENC. "Un consumo ocasional, dentro de una dieta equilibrada y acompañado de abundantes verduras, frutas y cereales integrales, no debería suponer un problema significativo para personas sanas".

En cualquier caso, para personas con factores de riesgo cardiovascular, hipertensión o antecedentes familiares de cáncer colorrectal, se recomienda una mayor restricción o incluso la eliminación de estos productos de su alimentación habitual, siempre bajo supervisión de profesionales sanitarios.

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